Unas tumbas de la gloria.
Unas tumbas de la gloria.
No sé cómo llegué a escuchar una canción argentina que se llama "Tumbas de la gloria".
Un día agarré un caset viejo que estaba tirado por ahí, unos de esos que hace mucho tiempo la gente le decía "virgen" y me encontré con este hallazgo que parecía dedicado específicamente a mi, salvo por la aspiración de fama o de gloria, con las cuales no solamente que no me identifico, sino que ni me interesan.
El protagonista "revolea" la cabeza como un loco de aquí para allá, sin brújula. Trata de escaparse de la angustia pero siempre está en el mismo lugar y en la misma ceremonia. SOY YO. SIEMPRE YO.
"SHINJI, ¡RÁPIDO!, ¿NO ESCUCHÁS LA SIRENA?" era Misato que a medio vestir tocó mi puerta e interrumpió esa mescolanza de rock y ópera.
La realidad siempre irrumpe, pero supongo que el arte siempre opera en otras dimensiones.